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Prácticas conscientes para incorporar a tu vida

La auto sustentabilidad está muy lejos de ser una moda, es una necesidad. ‘Nos estamos acabando el mundo’ es algo común de escuchar o leer en los medios, energías renovables escasas, crecimiento de población acelerado, cambio climático pueden ser temas con los que estamos muy familiarizados. Cuando era niña existía ésta noción de prácticas conscientes, sin embargo no se sentía una necesidad de urgencia por llevarlas a cabo. Reciclabamos en el colegio pero los recolectores de basura mezclaban todo en un camión, nos enseñaban en los libros el sistema de compostaje pero nunca hice uno en casa. Éstas y otras prácticas representaban una idea del futuro saludable, un mundo mejor. La conciencia ambiental en el 2019 está activa en todos los niveles, pero ¿realmente llevamos en práctica un plan de objetivos sustentables a cumplir en nuestros negocios o vida diaria?. Si el primer paso radical fue la prohibición de bolsas de plástico y uso de popotes no nos podemos quedar ahí y esperar que todo mejore, como dueños de nuestras propias empresas y como dirigentes de nuestra vida debemos tomar la responsabilidad de nuestras acciones con el entorno.

Una de las prácticas de conciencia más activa durante los últimos años es el consumo responsable, aún hay gente que no está interesada en los procesos que están detrás de un producto pero cada vez es más grande la comunidad que sí piensa 2 veces antes de comprar algo producido en masa con ingredientes nocivos al ambiente. Como productores responsables debemos pensar en la vida útil de ese objeto y lo que va a pasar con él una vez que haya concluido ese ciclo. Si todavía no has adoptado prácticas responsables en tus procesos de producción no pienses que es demasiado tarde o que no te puedes dar el lujo de encarecer tu producto por adoptar nuevas medidas mejor piensa en la ventaja de crear productos que dejarán un impacto positivo en tus consumidores y en la posibilidad conectarte con el entorno.

Cero desperdicios

Zero waste es el movimiento que surgió en el 2008 por Bea Johnson y su nombre lo dice básicamente todo. A menudo me preguntan qué hago con mis restos de hilos de bordado o con mis telas después de cortar mis moldes y a todo el mundo le comento que nunca quiero tirar nada. Desde que inicié en el mundo del tejido comprendí un poco mejor la composición de los tramados, antes compraba miles de estambres pero me di cuenta que en mis sobrantes podía hacer mis propios hilos (y ahorrar un montonal en materia prima). Cuando junto suficientes restos de tela puedo rellenar hasta un cojín. Si tengo pedazos de tela un poquito más grande los uso de empaque para mis envíos. La verdad se ha vuelto una práctica súper divertida ver la posibilidad de darle vida a algo que antes considerabas basura.

Reutiliza, segunda vida del objeto

Si algo se rompe ¿ya no sirve? En Japón hay un técnica llamada Kintsugi, si algún objeto de cerámica se fractura o se rompe se repara con un polvo a base de oro y esto le agrega valor, historia y belleza a cada objeto. Pues lo mismo puede pasar con todos los objetos de nuestra vida cotidiana. Si un pantalón se rompe puedes bordarlo, si una playera ‘se pica’ puedes cortarla y hacer trapitos de cocina, si una taza de quiebra puede ser una maceta y así hasta el infinito. La idea es alargar la vida de cada objeto.

Compra local, compra local, compra local

Queremos productos con las 3 B’s (bueno, bonito y barato) es la frase que más leo en comentarios de grupos de ventas (queremos cosas baratas básicamente) pero pensemos un momento en la competencia que puede ofrecer un precio ridículamente barato: las fábricas de producción masiva. No es algo nuevo, ni es un secreto la explotación laboral, ¿Cuántas horas al día trabajan las personas que trabajan en fábricas por un salario mínimo que no alcanza para vivir? un impacto directo en los artesanos locales que viven una realidad similar ya que la competencia los orilla a abaratar sus piezas dejando un margen de ganancia mínimo. ¿Cuánto derroche de recursos existe en la transportación de estos productos?

Parece lógico pero es necesario recordar que apoyar las iniciativas de nuestra comunidad tiene un impacto en muchos niveles. Un ciclo de solidaridad y de apoyo al trabajo consciente, de una vida laboral dignos, de uso de recursos responsables, del crecimiento local, de innovación y de cambio. Pensemos en invertir en productos que son únicos, que tienen historias, que están hechos con amor, que tienen valor y un impacto positivo. Convirtamos las 3 B’s en algo bueno, bonito y local.

Empaques biodegradables

Es hermoso recibir algo que pediste en línea, hecho a mano, de manera natural pero ¿Qué tan congruente es el material que usamos para su transporte y qué pasará con el empaque después? Ya nadie pide bolsas de plástico, aparte de que ya las prohibieron en los supermercados, estamos acostumbrándonos a llevar nuestra bolsita de tela a todas partes, lo mismo para nuestros empaques, pensemos en su futuro y diseñemos un empaque que pueda reutilizarse y extender su vida, que se pueda reciclarse o que sea biodegradable.

Por supuesto hay muchísimas prácticas más como donación a organizaciones dedicadas a la conservación, cultivar un huerto en casa, utilización de pigmentos y cosmética natural, usar bicicleta o compartir medios de transporte, llevar tus propios envases de agua. Lo importante es ser conscientes de nuestras acciones e ir sumando a nuestros hábitos diarios cada vez más actividades con impactos favorables. ¿Qué medidas tomas tu en tu vida o en tu negocio?.

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